¿Alguna vez has sentido que vives con el freno de mano puesto y el acelerador pisado a fondo al mismo tiempo?
Es una sensación paradójica y agotadora, por un lado, tu mente no para, preocupaciones constantes, un estado de alerta permanente y esa sensación de nudo en el estómago propia de la ansiedad. Pero, por otro lado, sientes una pesadez inmensa, falta de ilusión, ganas de llorar y una apatía que te impide moverte, características típicas de la depresión.
Si te identificas con esta lucha interna, quiero decirte algo importante antes de seguir, no te estás volviendo loco, ni eres una persona débil.
Lo que estás experimentando tiene nombre y apellidos: se llama Trastorno Ansioso Depresivo (o síndrome ansioso-depresivo). Es una condición clínica real, mucho más común de lo que imaginas, y lo más importante tiene tratamiento y se puede superar.
En mi consulta, veo a diario a personas que llegan exhaustas tras intentar combatir estos dos frentes por separado sin éxito. El problema de este trastorno es que la ansiedad alimenta a la depresión y viceversa, creando un círculo vicioso del que parece imposible salir sin ayuda profesional.
Pero hoy estás en el lugar correcto, en este artículo, he volcado mi experiencia clínica para explicarte, sin tecnicismos confusos, qué te está pasando exactamente, por qué ocurre y, sobre todo, cuál es la hoja de ruta exacta para recuperar tu tranquilidad y tu vida.
No tienes que vivir así para siempre. Vamos a entender juntos cómo salir de aquí.
¿Qué es el Trastorno Ansioso Depresivo?
Es una condición en la que conviven síntomas de ansiedad y de depresión, pero ninguno de los dos es lo suficientemente grave o predominante por sí solo como para justificar un diagnóstico separado de ansiedad generalizada o de depresión mayor.
- Sin embargo, que los síntomas no sean lo suficientemente graves por separado, no significa que no sean incapacitantes. De hecho, la combinación de ambos suele generar un deterioro en la calidad de vida igual o superior al de los trastornos puros.
Imagina que tu sistema nervioso es una balanza, en una depresión pura, la balanza se inclina hacia el suelo (falta de energía). En la ansiedad, se dispara hacia el techo (exceso de alerta). En el trastorno mixto ansioso depresivo, la balanza oscila violentamente de un lado a otro, dejándote en un estado de desgaste continuo.
El trastorno ansioso depresivo es una paradoja emocional, el cuerpo te pide parar porque no puede más, pero la mente te grita que corras porque sientes peligro. Es vivir en una contradicción constante.
Características clave para entenderlo
Para que comprendas mejor esta condición reconocida por la Organización Mundial de la Salud (CIE-10), he desglosado sus características principales:
La coexistencia: Es el factor determinante, no tienes días solo tristes o días solo nerviosos. Generalmente, la tristeza de fondo se mezcla con la tensión nerviosa.
La intensidad moderada pero persistente: Quizás no tengas un ataque de pánico total, ni estés en cama sin poder levantarte (como en una depresión grave), pero el malestar es constante, crónico y te impide disfrutar de la vida.
Frecuencia: Es uno de los trastornos más comunes en Atención Primaria. Muchas personas acuden al médico de cabecera por dolores físicos inespecíficos cuando, en realidad, están sufriendo este cuadro psicológico.
El riesgo de cronificación: Al ser síntomas difusos, muchas personas tardan meses o años en pedir ayuda, pensando que ya se les pasará o que es solo estrés, esto hace que el trastorno eche raíces.
Es vital entender que no se trata simplemente de estar estresado o tener un mal momento. Es una alteración clínica que requiere atención porque afecta la forma en que procesas las emociones y cómo responde tu cuerpo ante ellas.
¿Cuáles son los Síntomas del Trastorno Ansioso Depresivo que Debes Reconocer?
Identificar este trastorno puede ser un verdadero rompecabezas, al mezclar dos patologías, los síntomas a veces parecen contradecirse, lo que genera mucha confusión. Muchos de mis pacientes llegan a la consulta diciéndome: “Pedro, no sé qué me pasa, a veces estoy a mil por hora y otras no puedo ni levantarme del sofá”.
Para ayudarte a identificar si esto es lo que te está ocurriendo, he dividido la sintomatología en dos grandes bloques, lo que ocurre dentro de tu cabeza y lo que ocurre en tu cuerpo y tu conducta.
Síntomas Emocionales y Cognitivos: ¿Te sientes atrapado entre la preocupación y la tristeza?
Esta es la batalla invisible, por fuera puedes parecer funcional, pero por dentro hay una tormenta continua donde la alerta de la ansiedad choca con la desesperanza de la depresión.
Preocupación constante e irracional
No hablamos de preocuparse por pagar una factura, hablamos de una rumiación mental incesante, tu mente anticipa escenarios catastróficos sobre el futuro (ansiedad), pero los aborda desde una visión pesimista y de indefensión (depresión). Es como sentir que algo malo va a pasar y creer que no serás capaz de afrontarlo.
Estado de ánimo bajo, irritabilidad y llanto fácil
Aquí es donde la mezcla se hace evidente, no es solo tristeza profunda; es una disforia.
- Puedes sentirte triste y vacío gran parte del día.
- Experimentas una mecha corta: te irritas o saltas por cosas insignificantes debido a la tensión acumulada.
- Aparece el llanto sin motivo aparente o ante situaciones mínimas de estrés.
Dificultad para concentrarse y problemas de memoria
¿Sientes que tienes niebla mental? Es muy común, cuando el cerebro gasta el 80% de su energía en mantener la alerta ansiedad y gestionar la tristeza depresión, quedan pocos recursos para la atención.
Es habitual que olvides dónde dejaste las llaves, pierdas el hilo de las conversaciones o te cueste horrores terminar tareas sencillas en el trabajo.
Sentimientos de inutilidad, desesperanza y baja autoestima
La voz de la depresión te dice que no vales nada, mientras que la ansiedad te castiga por no estar haciendo lo suficiente. Esto genera un sentimiento de culpa tóxico y una visión de túnel donde el futuro se percibe negro e inalterable.
Síntomas Físicos y Conductuales: ¿Cómo afecta a tu cuerpo y a tu día a día?
El cuerpo nunca miente, a menudo, antes de que la persona sea consciente de su malestar emocional, su organismo ya está gritando pidiendo ayuda a través de síntomas físicos, somatización.
Fatiga constante o falta de energía (Apatía)
No es cansancio por haber hecho deporte, es una pesadez en las extremidades, como si llevaras un traje de plomo. La ansiedad mantiene tus músculos en tensión constante, lo cual agota tus reservas de energía, dejándote en un estado de letargo físico que te impide activarte.
Alteraciones del sueño (Insomnio o Hipersomnia)
El sueño es una de las primeras víctimas.
- Insomnio de conciliación: Te metes en la cama y tu cabeza empieza a dar vueltas a los problemas (ansiedad).
- Despertares precoces: Te despiertas a las 4:00 AM con angustia y no puedes volver a dormir.
- Hipersomnia: En otros casos, el cuerpo usa el sueño como vía de escape para no enfrentar la realidad (depresión).
Temblores, taquicardias o molestias digestivas
El sistema nervioso autónomo está desregulado, es muy frecuente ver en consulta cuadros de:
- Palpitaciones o sensación de ahogo puntual.
- Problemas gastrointestinales (gastritis, colon irritable): existe una conexión directa entre el cerebro y el intestino.
- Tensión muscular, especialmente en cuello y hombros, que acaba en cefaleas tensionales.
Aislamiento social y pérdida de interés en actividades (Anhedonia)
La anhedonia es la incapacidad para sentir placer con cosas que antes te gustaban. Ya no disfrutas de tu hobby, ni de quedar con amigos. Como resultado, empiezas a rechazar planes. Al principio son excusas “estoy cansado”, pero poco a poco se convierte en un aislamiento real que retroalimenta la depresión.
¿Por qué se Desarrolla el Trastorno Ansioso Depresivo?
Una de las preguntas más dolorosas que escucho en la intimidad de la consulta es: ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿He hecho algo mal?.
La respuesta corta es NO, no has hecho nada mal y esto no es una cuestión de debilidad de carácter.
El trastorno ansioso depresivo es, en términos psicológicos, multifactorial. Imagínalo como un vaso de agua., no se desborda por una sola gota, sino por la suma de muchas gotas diferentes que han ido llenando tu capacidad de resistencia hasta que tu sistema nervioso ha dicho basta.
A continuación, vamos a desglosar esas gotas para que entiendas el origen de tu malestar.
¿Qué papel juegan los factores genéticos y biológicos?
Aunque no nos guste admitirlo, venimos con un hardware de fábrica. Existe una base biológica innegable en este trastorno, no significa que estés condenado por tus genes, pero sí que puedes tener una mayor predisposición.
- Desequilibrio de Neurotransmisores: En el cerebro de una persona con este trastorno, suele haber una regulación ineficiente de sustancias químicas clave, la serotonina (encargada del bienestar y la calma), la noradrenalina (energía y alerta) y el GABA (el freno natural del cerebro). Cuando estos mensajeros fallan, el estado de ánimo cae y la ansiedad se dispara.
- Herencia Familiar: Si tienes padres o abuelos que sufrieron ansiedad o depresión, es posible que hayas heredado una mayor sensibilidad en tu sistema de alerta. Tu amígdala cerebral (el detector de peligros) puede ser más reactiva que la de otras personas.
Tener predisposición genética no es una sentencia. Los genes cargan el arma, pero el entorno y cómo gestionamos nuestras emociones son los que aprietan el gatillo
¿Cómo influyen los factores psicológicos y de personalidad?
Aquí es donde mi trabajo como psicólogo cobra mayor relevancia, porque sobre estos factores **sí tenemos mucho poder de actuación**. He observado que ciertos perfiles de personalidad son un “caldo de cultivo” perfecto para el trastorno ansioso depresivo.
¿Te identificas con alguno de estos rasgos?
- Perfeccionismo y Autoexigencia: Las personas que no se permiten fallar viven en una tensión constante (ansiedad). Cuando inevitablemente cometen un error o no llegan a todo, se castigan duramente (depresión).
- Necesidad de Control: Querer tenerlo todo atado genera ansiedad ante la incertidumbre de la vida. Cuando la vida se impone y el control se pierde, aparece la indefensión y la tristeza.
- Estilo de pensamiento rumiante: Darle vueltas a las cosas una y otra vez sin llegar a soluciones es el combustible de este trastorno.
- Baja tolerancia a la frustración: La dificultad para aceptar que las cosas no son como queremos genera una mezcla explosiva de rabia (ansiedad) y decepción (depresión).
¿Pueden el estrés crónico o las experiencias traumáticas desencadenarlo?
Absolutamente, a veces, tenemos una biología sana y una personalidad equilibrada, pero la vida nos golpea con una fuerza que supera nuestros recursos de afrontamiento.
El estrés crónico actúa como una erosión lenta, no es un evento único, es la suma de:
- Presión laboral sostenida (Burnout).
- Problemas económicos persistentes.
- Conflictos de pareja o familiares no resueltos.
- Cuidado de personas dependientes.
Este estrés mantenido agota las reservas de cortisol del cuerpo, llevándote del modo lucha (ansiedad) al modo colapso (depresión).
Además, las experiencias traumáticas (duelos no procesados, accidentes, abusos en la infancia o situaciones de shock reciente) pueden dejar el sistema nervioso desregulado, oscilando permanentemente entre el miedo y la desesperanza.
¿Cómo se Diagnostica Correctamente el Trastorno Ansioso Depresivo?
Es muy probable que antes de llegar aquí hayas pasado horas buscando tus síntomas en internet, y es normal, todos buscamos respuestas, pero tengo que ser muy honesto contigo: Google es una herramienta fantástica para buscar información, pero un pésimo médico.
El diagnóstico del Trastorno Ansioso Depresivo es uno de los más complejos en salud mental. ¿Por qué? Porque es un camaleón. Al no cumplir estrictamente todos los criterios de una depresión mayor ni todos los de un trastorno de ansiedad generalizada, a menudo se pasa por alto o se malinterpreta.
No existe un análisis de sangre ni una radiografía que nos diga aquí está el problema. El diagnóstico es puramente clínico. Requiere de un ojo experto que sepa diferenciar entre un mal momento vital y un trastorno estructurado.
¿Qué busca un psicólogo durante la evaluación?
Cuando recibo a un paciente en mi consulta con sospecha de este cuadro, no me limito a escuchar, estoy realizando una investigación activa. Mi objetivo es armar un rompecabezas emocional.
Para confirmar este diagnóstico, busco confirmar cuatro pilares fundamentales:
- La Coexistencia Simultánea: Debo verificar que los síntomas de ansiedad y depresión se presentan al mismo tiempo o en una alternancia muy rápida. Si tienes un mes de pura depresión y luego un mes de pura ansiedad, el diagnóstico sería otro.
- La Cronología: ¿Cuánto tiempo llevas así? Generalmente, buscamos que los síntomas hayan estado presentes de forma persistente durante varias semanas o meses.
- La Intensidad Equilibrada: Este es el punto clave. Ninguno de los dos polos debe ser catastrófico por separado. Si la depresión es tan profunda que no puedes moverte, se diagnostica Depresión Mayor. Si la ansiedad es lo único predominante, se diagnostica Ansiedad. Aquí buscamos una “mezcla moderada” de ambos.
- Síntomas Vegetativos: Presto mucha atención a tu cuerpo. Temblores, sequedad de boca, molestias en el estómago o inestabilidad. Estos signos físicos son los chivatos de que el sistema nervioso autónomo está sufriendo.
El diagnóstico no es una etiqueta para juzgarte, es el mapa que necesitamos para saber exactamente qué camino tomar hacia tu recuperación.
¿Por qué es crucial un diagnóstico profesional para descartar otras condiciones?
Aquí es donde la automedicación o el autodiagnóstico pueden ser peligrosos, muchos trastornos se parecen al ansioso-depresivo, pero se tratan de forma totalmente diferente.
Un diagnóstico diferencial profesional es vital para descartar:
- Causas Orgánicas (Físicas): Antes de tratar la mente, hay que revisar el cuerpo. El hipotiroidismo, la anemia ferropénica o ciertas alteraciones hormonales pueden imitar casi a la perfección los síntomas de cansancio y ansiedad. Si el problema es la tiroides, la terapia psicológica sola no lo curará.
- Trastorno Bipolar II: A veces, lo que parece ansiedad puede ser en realidad una fase de “hipomanía” (euforia moderada o irritabilidad) mezclada con depresión. Tratar un trastorno bipolar con los antidepresivos equivocados puede empeorar gravemente el cuadro.
- Trastorno de Adaptación: ¿Tus síntomas son fruto de un cambio vital reciente (un divorcio, un despido)? Si es así, la intervención es diferente a si el trastorno ha aparecido “de la nada”.
¿Cómo se puede Tratar y Superar el Trastorno Ansioso Depresivo?
Llegamos a la parte más importante, la que probablemente te trajo a este artículo. Tengo una buena noticia que darte, respaldada por la ciencia y por los cientos de pacientes que han pasado por mi consulta: **el Trastorno Ansioso Depresivo tiene un pronóstico excelente si se trata adecuadamente.**
No es una cadena perpetua. Con las herramientas adecuadas, no solo se eliminan los síntomas, sino que sales fortalecido, con un conocimiento sobre ti mismo que evitará recaídas futuras. El tratamiento ideal suele ser un enfoque combinado, pero siempre liderado por el cambio de patrones mentales.
La Terapia Psicológica: El Pilar Fundamental para la Recuperación
Aunque los fármacos pueden aliviar los síntomas (como veremos luego), la terapia psicológica es la que cura la raíz del problema. La medicación puede ser el “salvavidas” que te mantiene a flote, pero la terapia es la que te enseña a nadar para llegar a la orilla.
El enfoque que nosotros aplicamos es el Psicodinámico. Conocer la evolución del sujeto y comprender las causas y responsabilizarse de lo que uno puede hacer es fundamental para abordar el problema.
Entender lo que te pasa es el primer paso para sanar
En mis primeras sesiones, dedico mucho tiempo a esto, el miedo se alimenta de la incertidumbre. Cuando entiendes por qué tu corazón se acelera o por qué te sientes vacío, los síntomas dejan de asustarte tanto.
Entender el mecanismo de tu ansiedad te devuelve el protagonismo de tu vida. Dejamos de ver los síntomas como enemigos y empezamos a verlos como señales de que algo debe cambiar en tu estilo de vida.
Protagonista de tu cambio: ¿Qué puedes hacer por ti mismo a partir de hoy?
Mientras buscas ayuda profesional, hay acciones concretas que puedes empezar a implementar ya mismo. No van a curar el trastorno de la noche a la mañana, pero son el terreno fértil donde crecerá tu recuperación.
Técnicas de relajación y Atención para calmar la ansiedad
La ansiedad vive en el futuro ¿Y si pasa esto?. El objetivo es traer tu mente al presente.
- Respiración Diafragmática: Aprender a respirar con el abdomen es el ansiolítico natural más potente. Envía una señal física a tu cerebro de que no hay peligro real.
- Atención Plena: No se trata de dejar la mente en blanco, sino de observar tus pensamientos preocupantes sin engancharte a ellos, como quien ve pasar nubes en el cielo.
La importancia de la activación para combatir la depresión
Este es un concepto clave que hablo con mis pacientes y que suele ser contraintuitivo.
La depresión te dice: Cuando tenga ganas, haré cosas, es una trampa, las ganas no van a venir mientras estés parado.
La activación consiste en actuar a pesar de no tener ganas. La motivación viene después de la acción, no antes.
- Empieza con micro-objetivos: hacer la cama, ducharte, dar un paseo de 5 minutos.
- Al completar pequeñas tareas, tu cerebro recibe pequeñas dosis de dopamina que rompen el ciclo de la apatía.
No esperes a sentirte bien para actuar. Actúa para empezar a sentirte bien. El movimiento genera emoción.
Ejercicio físico, sueño y alimentación
Somos una unidad mente-cuerpo. No podemos curar la mente si maltratamos al cuerpo.
- Ejercicio: El deporte moderado (como caminar a paso ligero) quema el exceso de cortisol (estrés) y libera endorfinas (antidepresivos naturales).
- Higiene del sueño: Establecer horarios fijos y evitar pantallas antes de dormir es vital para regular tu ritmo circadiano.
- Alimentación: Reducir estimulantes como la cafeína es obligatorio si tienes ansiedad. El café es gasolina para el fuego de tus nervios.
Tratamiento Farmacológico: ¿Cuándo es una opción a considerar?
Como psicólogo, yo no prescribo medicación, pero trabajo mano a mano con psiquiatras cuando es necesario.
No todos los casos necesitan fármacos, pero en situaciones donde los síntomas son tan intensos que impiden a la persona acudir a terapia o realizar funciones básicas, comer, dormir, trabajar, la medicación es una herramienta muy útil.
Generalmente se utilizan ISRS (Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina), que tienen un efecto dual: ayudan a elevar el ánimo y tienen un efecto ansiolítico a medio plazo.
Es fundamental que esto sea supervisado por un médico. Nunca te automediques ni abandones un tratamiento de golpe**, ya que podrías sufrir un efecto rebote.
Tu Camino hacia la Recuperación: ¿Cómo un Psicólogo Especializado Puede Ayudarte?
Leer artículos, informarse y entender la teoría es un paso gigante, de verdad, te felicito por haber llegado hasta aquí. Sin embargo, hay una gran distancia entre “saber” lo que hay que hacer y poder hacerlo cuando las fuerzas fallan y la mente boicotea.
Aquí es donde mi rol deja de ser el de redactor y pasa a ser el de tu aliado terapéutico. El trastorno ansioso depresivo es complejo, y tratar de salir de él solo, a menudo, se siente como intentar salir de arenas movedizas: cuanto más te mueves sin técnica, más te hundes.
¿Por qué la experiencia del terapeuta es clave en el trastorno ansioso depresivo?
No todos los enfoques psicológicos sirven para todo, tratar este trastorno requiere un equilibrio quirúrgico que solo da la experiencia clínica.
Te explico por qué: si un terapeuta inexperto presiona demasiado con la activación para curar tu depresión, puede disparar tu ansiedad y bloquearte. Por el contrario, si se centra solo en calmarte, puede fomentar la pasividad y hundirte más en la apatía depresiva.
Como especialista, mi trabajo es calibrar los tiempos. Sé cuándo debemos pisar el acelerador y cuándo debemos pisar el freno. Sé distinguir qué pensamientos son fruto de tu ansiedad y cuáles de tu tristeza, y tengo las herramientas específicas para desactivar esa guerra civil interna que estás viviendo.
¿Qué puedes esperar de la primera consulta conmigo?
Sé que pedir ayuda impone respeto, a veces da vergüenza, o miedo a ser juzgado, por eso quiero contarte exactamente qué pasará si decides agendar una sesión conmigo, para eliminar cualquier incertidumbre:
- Un Espacio Seguro y Libre de Juicios: Lo primero que encontrarás es empatía radical. No estás ahí para ser evaluado como persona, sino para ser comprendido como paciente. Puedes llorar, puedes estar enfadado o puedes no saber qué decir. Todo es válido.
- Orden en el Caos: Muchos pacientes llegan diciendo “tengo un lío en la cabeza”. Mi primera misión es ayudarte a desenmarañar esa madeja. Al salir de la primera sesión, sentirás el alivio de haber puesto nombre y orden a lo que sientes.
- Respeto a tu individualidad. No se trata de que hagas lo que yo digo, sino de que recorras un camino que sea tuyo propio y te ayude a crecer.
Un enfoque personalizado basado en años de experiencia para diseñar tu plan de tratamiento
No creo en las terapias de talla única. Tu ansiedad y tu depresión tienen tu nombre, tu historia y tus circunstancias. Por eso, mi método se adapta a ti, y no al revés.
Mi objetivo final no es que vengas a terapia para siempre, Mi objetivo es darte el alta lo antes posible, acompañándote hasta que consigas estar más fuerte, más sabio y, sobre todo, más tranquilo.
Si sientes que ha llegado el momento de dejar de sobrevivir para empezar a vivir, estoy aquí para acompañarte.
Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre el Trastorno Ansioso Depresivo
Sé que tener mucha información de golpe puede abrumar, especialmente si tu mente ya está saturada de preocupaciones. Por eso, he recopilado las preguntas más habituales que me hacen en la primera consulta para darte respuestas directas y claras.
¿El trastorno ansioso depresivo se cura por completo?
Sí, rotundamente. No es una condición crónica con la que debas vivir para siempre, como la diabetes. Con el tratamiento adecuado, se alcanza la remisión total de los síntomas.
Sin embargo, me gusta ser realista: curarse, no significa que nunca más tendrás un día malo o sentirás ansiedad. Significa que, cuando la vida te ponga a prueba, tendrás las herramientas necesarias para gestionarlo sin que se convierta de nuevo en un trastorno. Saldrás de esto con una mochila de recursos que antes no tenías.
¿Cuánto tiempo dura el tratamiento para el trastorno ansioso depresivo?
Es la pregunta del millón. Aunque cada persona es un mundo, en psicología clínica solemos trabajar con plazos estimados.
¿Cuál es la diferencia entre el trastorno ansioso depresivo y el trastorno bipolar?
Es vital no confundirlos porque el tratamiento es opuesto.
Trastorno Ansioso Depresivo: Oscilas entre la ansiedad (miedo/preocupación) y la depresión (tristeza/apatía).
Trastorno Bipolar: Oscilas entre la depresión y la manía o hipomanía. La manía no es ansiedad; es euforia, exceso de energía, sensación de grandiosidad y conductas de riesgo (gastar mucho dinero, conducción temeraria, etc.).
Si sientes euforia desmedida, no es un trastorno ansioso depresivo.
¿Puede un niño o adolescente tener este trastorno?
Sí, y desgraciadamente es cada vez más común debido a la presión académica y las redes sociales.
El problema es que en niños y adolescentes los síntomas se disfrazan. En lugar de decir estoy triste, suelen mostrarse:
- Muy irritables o con ataques de ira.
- Con quejas físicas constantes (dolor de barriga o cabeza) para no ir al colegio.
- Con un descenso brusco en las notas.
- Si ves estos cambios drásticos, es fundamental consultar a un especialista infanto-juvenil.
¿Cómo puedo ayudar a un familiar o amigo que creo que lo padece?
Lo más importante es validar sin juzgar. Evita frases tóxicas como anímate, no es para tanto o todo está en tu cabeza.
Escucha activa: Veo que lo estás pasando mal, estoy aquí para escucharte si quieres hablar.
No intentes ser su psicólogo: Tu rol es ser su apoyo, no su terapeuta.
Facilita la ayuda: Ayúdale a buscar un profesional o acompáñale a la primera cita si le da miedo ir solo. A veces, la persona está tan bloqueada que no tiene fuerzas ni para hacer una llamada.
Si ya tomo medicación, ¿necesito también terapia psicológica?
La medicación es muy útil para equilibrar la química del cerebro (el hardware), pero no cambia tus patrones de pensamiento (el software).
Las pastillas pueden reducir tu taquicardia o ayudarte a dormir, pero ninguna pastilla te enseñará a poner límites, a gestionar tu perfeccionismo o a dejar de rumiar pensamientos catastróficos.
La combinación de fármacos (si son necesarios) + psicoterapia es el estándar de oro que ofrece los mejores resultados a largo plazo y, sobre todo, reduce drásticamente el riesgo de volver a caer en el futuro.

